La misión Artemis II logró capturar imágenes sin precedentes de la cara oculta de la Luna, un territorio que hasta ahora solo había sido observado por sondas automáticas. A bordo de la cápsula Orión, los astronautas registraron fotografías que muestran detalles poco conocidos del satélite natural.
Entre los hallazgos destaca la cuenca Orientale, un enorme cráter de aproximadamente mil kilómetros de diámetro ubicado en el límite entre la cara visible y la oculta. Integrantes de la tripulación, como Christina Koch, señalaron que observar esta región genera una percepción distinta de la Luna, debido a su aspecto más oscuro y accidentado.
Además del registro visual, la misión estableció una nueva marca al convertirse en el viaje tripulado que ha alcanzado la mayor distancia desde la Tierra, superando el récord de Apolo 13. Autoridades destacaron que estos avances representan un paso importante en el desarrollo de futuras misiones de exploración espacial.