La anorexia nerviosa, uno de los trastornos alimentarios más comunes entre adolescentes y adultos jóvenes, no solo afecta el peso corporal, sino también el funcionamiento del sistema cardiovascular. Este padecimiento se caracteriza por una restricción extrema de alimentos y una percepción alterada del propio cuerpo, lo que puede llevar a la desnutrición y al deterioro progresivo de diversos órganos.
Uno de los efectos menos conocidos de esta enfermedad es su impacto en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador del equilibrio entre las funciones automáticas del organismo, como la digestión, la respiración y el ritmo del corazón. En personas con anorexia, esta variabilidad puede alterarse de manera significativa, reflejando una sobreactivación del sistema simpático y una inhibición del sistema parasimpático, producto del estrés prolongado y la falta de nutrientes.
Estas alteraciones aumentan el riesgo de presentar arritmias, desequilibrios en la presión arterial y otros problemas cardiovasculares, incluso después de haber recuperado el peso corporal. Estudios recientes indican que, si bien alcanzar un peso saludable es uno de los primeros objetivos del tratamiento, algunas disfunciones del sistema nervioso autónomo pueden persistir, lo que subraya la importancia de un enfoque terapéutico integral.
El ejercicio físico, particularmente el entrenamiento de fuerza prescrito por profesionales, ha demostrado ser una herramienta útil para mejorar la regulación del sistema nervioso y la calidad de vida de los pacientes. Este tipo de intervención puede contribuir a la recuperación funcional del cuerpo al fortalecer la masa muscular y reducir los efectos del estrés crónico.
En espacios como Senda Bienestar, se brinda acompañamiento profesional a personas que enfrentan trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa, ofreciendo atención integral en nutrición, salud emocional y estrategias para una recuperación sostenida.